La persona detrás de la historia
¡Hola! Me llamo Sergi Vila.
Desde pequeño he sido una persona inquieta, de las que necesitan estar haciendo cosas. El deporte siempre ha formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón: fútbol, tenis, esquí… No solo como una forma de pasar el tiempo o simplemente divertirme, sino una manera de canalizar esa energía constante, de aprender a competir, a caer y a volver a intentarlo. Esa misma inquietud fue la que, con los años, me llevó también por el camino de los estudios.
Cursé la carrera de Derecho en la Universidad de Barcelona y acabé convirtiéndome en abogado. A simple vista, puede parecer un recorrido bastante alejado de los mundos fantásticos, las criaturas que escupen fuego por la boca y las grandes aventuras.
Aunque quizá no tanto.
El Derecho me ha enseñado a construir argumentos, a prestar atención a las palabras y a entender que una misma historia puede cambiar por completo dependiendo de quién la cuente. También me ha acostumbrado a buscar coherencia entre muchas piezas distintas, algo que, curiosamente, resulta bastante útil cuando intentas dar vida a un mundo entero.
Y ahora viene la confesión: nunca he sido un gran lector.
Contradictorio, ¿verdad?
Siempre he sido más de crear mis propias cosas. De imaginar, inventar y dedicar mi tiempo libre a hacer con mis propias manos aquello que en cada momento despertaba mi curiosidad. Nunca he tenido demasiada paciencia para seguir el camino que otros habían trazado; me ha gustado más construir el mío, a mi manera.
¿Cómo nació este proyecto?
Todo empezó con unos amigos fantaseando sobre peleas. Sí, peleas. Y sí, entre nosotros. Grandes inquietudes intelectuales de un grupo de adultos perfectamente funcionales.
La cosa comenzó con preguntas bastante simples: ¿quién ganaría en un duelo? ¿Fulanito con una espada y un escudo o Menganito con una lanza y un yelmo? ¿Y si uno de los dos llevara armadura? ¿Y si el otro fuera más rápido? ¿Y si añadimos magia? Como podéis imaginar, aquello no tardó demasiado en escaparse de las manos.
Empezamos a inventar armas, habilidades, enfrentamientos y torneos dignos de ser retransmitidos ante un coliseo abarrotado de gente. Cada combate llevaba al siguiente, cada personaje empezaba a tener sus propias características y cada nueva idea hacía que todo aquello creciera un poco más.
Hasta que, en algún momento, pensé: ojo, que esto da para escribir un libro.
Y vaya si ha dado.
Lo que empezó como una conversación absurda entre amigos fue creciendo hasta convertirse en algo mucho más grande. Los combatientes necesitaron un motivo para luchar. Después, un lugar del que venir. Luego llegaron los reinos, las ciudades, las rivalidades, las criaturas, los objetos, las leyendas y todo lo que había ocurrido mucho antes de que comenzara la historia.
Sin darme demasiada cuenta, aquellas peleas habían dejado de ser simples peleas. Había un mundo detrás de ellas.
Y decidí construirlo.
Llevo más de dos años dedicando buena parte de mi tiempo libre a cocinar esta historia. Escribiendo, borrando, cambiando cosas que creía definitivas, volviéndolas a cambiar y descubriendo que una pequeña idea puede obligarte a replantear medio mundo cuando ya pensabas que lo tenías todo controlado.
Tranquilos: la historia va mucho más allá de las luchas de cuatro descerebrados.
Lo que nació como un juego entre amigos acabó convirtiéndose en un universo que no ha dejado de crecer desde entonces. Y quizá esa sea una de las cosas que más me gustan de este proyecto: que nunca hubo un gran plan para empezarlo. Nadie se sentó un día con la intención de crear un mundo.
Simplemente, una idea llevó a otra.
Y, cuando quise darme cuenta, ya estaba sumergido hasta el fondo y no podía parar de escribir.
¿Qué vas a encontrar
aquí?
Mi objetivo no es complicarte la vida con normas extrañas, nombres imposibles de recordar ni páginas y páginas de explicaciones antes de que empiece a ocurrir algo. Quiero invitarte a disfrutar de una historia que se lea con facilidad, que te haga querer avanzar una página más y que, cuando termine, recuerdes con cariño.
Lo que vas a encontrar aquí es una aventura de fantasía épica.
En este viaje conocerás a varios personajes, cada uno con sus propios intereses, su manera de entender el mundo y una historia a sus espaldas. Algunos tienen cuentas pendientes. Otros buscan respuestas. Otros quizá ni siquiera saben muy bien qué están buscando todavía. Sin embargo, por distintos motivos, todos acabarán avanzando hacia un objetivo común junto a personas que, en otras circunstancias, probablemente jamás habrían elegido como compañeros.
Encontrarás lucha, frustración, alegría, perseverancia, tristeza, picardía y un sutil toque de humor bastante particular, porque incluso cuando el mundo parece estar a punto de venirse abajo siempre viene bien que alguien diga algo en el peor momento posible.
A lo largo de esta aventura te adentrarás en riscos cubiertos de nieve, atravesarás verdes praderas infinitas, recorrerás ciudades rebosantes de enormes mercados, llegarás a aldeas levantadas entre acantilados, cruzarás bosques y descubrirás lugares que quizá habría sido mejor dejar en paz.
Y eso es solo una pequeña parte del camino.
Porque, por encima de todo, quiero que esta sea una historia de aventuras. De esas que te hacen viajar sin moverte del sitio, encariñarte con personajes muy distintos entre sí y sentir que, durante un rato, has recorrido el mundo junto a ellos.
Todo eso —y bastante más— te espera al otro lado de la primera página.
¿Por qué escribo fantasía?
Escribo este género porque me permite hacer algo que siempre me ha fascinado: imaginar mundos que no existen y llenarlos de cosas que sí. Amistad, miedo, ambición, pérdida, lealtad, egoísmo, sacrificio, esperanza… Puedes cambiar el cielo, inventar criaturas, levantar ciudades milenarias y colocar una espada mágica en manos de alguien, pero, al final, lo que hace que una historia importe son las emociones que reconocemos en ella.
Y, si soy sincero, siempre me han fascinado los mundos en los que uno siente que podría perderse.
Videojuegos como la saga de The Elder Scrolls despertaron en mí esa curiosidad por los lugares que parecen existir más allá de la historia principal. Mundos en los que puedes alejarte del camino, cruzar una montaña simplemente porque está ahí y acabar encontrando unas ruinas, una aldea o una historia que nadie te había obligado a buscar. Siempre me ha atraído esa sensación de que el mundo continúa existiendo aunque el protagonista no esté mirando.
Pero mis influencias no vienen únicamente de los videojuegos.
También he crecido disfrutando de animes como Dragon Ball, Fullmetal Alchemist o Attack on Titan, entre tantos y tantos otros. Historias muy diferentes entre sí, pero capaces de crear personajes inolvidables, enfrentamientos que significan algo y mundos que se van haciendo más grandes a medida que los descubres. Y, siendo sinceros, ¿quién no se ha imaginado alguna vez lanzando un Kame-Hame-Ha (que no onda vital) o convirtiéndose en el titán colosal?
Quizá por eso me cuesta imaginar una historia siguiendo siempre a una única persona.
Me gustan los grupos. Los personajes que chocan entre ellos. Los que no se soportan, pero tienen que avanzar juntos. Los que esconden cosas, los que cambian con el camino y los que, sin darse cuenta, terminan encontrando en sus compañeros algo que no esperaban.
Así que sí: es posible que, entre estas páginas, encontréis alguna pequeña pincelada de todas esas cosas que me han acompañado durante años como parte de todo aquello que, de una forma u otra, ha ido construyendo mi manera de imaginar.
Al final, escribo fantasía por una razón bastante sencilla: porque no conozco ningún otro lugar donde pueda crear un mundo entero desde cero y, al mismo tiempo, hablar de cosas tan humanas.
Y porque, puestos a contar una historia, siempre he preferido que haya alguna espada de por medio.